El Solsticio como figura masónica simbólica
Los solsticios han sido una preocupación permanente del hombre y su origen se encuentra en el sol. Etimológicamente viene del latín “solis statio”, lo que puede traducirse como sol parado o detenido. Este fenómeno se produce dos veces al año, el 21 de junio y el 21 de diciembre, tiempo en que el sol alcanza casi la misma altura meridiana sobre el horizonte, en su aparente detención.
El solsticio de verano como elemento simbólico está asociado a la cosecha, la abundancia y la fertilidad. Asimismo, el sol está asociado con el renacimiento y la esperanza. Antes de estas creencias, comúnmente se creía que al comienzo del solsticio de verano se abría un portal para la entrada de seres místicos, como espíritus y hadas, a nuestro mundo.
Para la francmasonería es un tiempo de transformación en que pareciera que el sol se detiene para hacer un alto en sus actividades o su trabajo con el pensamiento de que después regresará a sus labores con más energía y disposición para superar los desafíos que se presenten.
Celebrar los solsticios es muy importante para quien es parte de la cultura masónica. En esta época se dan cambios en las Logias y cada una lo celebra a su manera, aunque pueden haber «tenidas blancas» para las sesiones públicas a las que pueden asistir los miembros de la familia. También hay grandes sesiones cerradas o «rituales» donde solo pueden asistir los miembros.