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V.: H.: LUIS ALBERTO NAVARRETE Y LÓPEZ

Gran Maestro 1912-1922

 A 150 AÑOS DE SU NATALICIO

En este día en que se conmemora el Centésimo Quincuagésimo Aniversario del natalicio del V.: H.: LUIS NAVARRETE Y LÓPEZ, se me ha asignado el alto honor de dirigirme a vosotros para pronunciar algunas palabras las que, ni con mucho, son suficientes para rendir un homenaje a este V.: H.: de inigualable estatura moral, profana y masónica.

Fue en Santiago, el 22 de noviembre de 1869, en que en una casona que con aristocráticas pretensiones avizoraba el tránsito de caballeros y carruajes, en la aún entonces colonial calle de Santo Domingo, según señala un Hermano, en la que ve la luz profana el V.: H.: LUIS NAVARRETE Y LÓPEZ, hijo de don Alberto Navarrete Maturana y de doña Elvira López.

Sus primeros estudios los realizó en el Colegio de Santo Tomás de Aquino, y ya de joven, ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, obteniendo su título de abogado el 29 de mayo de 1895, desempeñándose como Docente en su Facultad de Derecho y Secretario de la Municipalidad de Santiago. El año 1902 contrajo matrimonio con doña María Eugenia Prieto.

La Luz Masónica la recibió en la Respetable Logia “Justicia y Libertad” Nº 5, el 11 de enero de 1896, llegando a ser su Venerable Maestro entre los años 1901 y 1906. Del mismo modo, integró el cuadro de la Respetable Logia “Estrella de Chile” Nº 17, de la cual también fue su Venerable Maestro.

En el Gobierno Superior, se desempeñó como Gran Secretario General entre los años 1906 y 1910 y, con posterioridad, Gran Maestro adjunto en varias oportunidades, hasta ser elegido Gran Maestro de la Gran Logia de Chile el 6 de octubre de 1912.

A él se debió la realización del Primer Convento Masónico Nacional, celebrado entre el 23 y el 29 de septiembre de 1912, cuyo temario visionario mostraba asuntos de gran envergadura, como eran y son, “La acción de la Masonería en la educación de la Mujer”; el “Fomento de la prensa masónica”; la “Limitación de las Órdenes Religiosas en Chile”; y la “Elección del Personal futuro de las Logias entre obreros y estudiantes”.

Consecuente con sus ideas, el 1 de diciembre de 1896, dio nacimiento a la Revista “La Verdad”, que tuvo vida durante 14 años, de la cual fue su director, y que es la publicación antecesora de nuestra actual Revista.

Al V.: H.: Navarrete se debe la reforma a la Constitución Masónica de 1912 y la reforma a los Rituales y Libros de Instrucción, participando en la Comisión Especial designada por el Gran Maestro Ewing e integrada, además, por los VV.: HH.: Arcadio Ducoing, Luigi Stéfano Giarda, Agustín Palma y Arturo Clement.

Nuestro infatigable H.: fue el gran impulsor de la “Ley de Instrucción Primaria Obligatoria”, próxima a cumplir 100 años; el que luchó por el trabajo extramural de las Logias en las “Escuelas Nocturnas para Obreros”, las “Colonias Escolares”, las “Ligas de Estudiantes Pobres”, los “Boy Scouts”, la “Federación de Estudiantes de Chile”, las “Conferencias en los Centros Obreros”, la publicación de artículos de prensa y la edición de folletos, entre otras obras. Creó la hoja dominical llamada “La Linterna” destinada a los obreros y a los pobres y en 1914 fue el artífice de “La Tribuna”, folleto semanal de distribución más amplia y cuya finalidad era la divulgación de temas del más alto interés, para crear conciencia y cultivar a las mentes dormidas.

El 17 de agosto de 1922, tras un decenio de fructífero trabajo, renunció al puesto de Gran Maestro, pero las graves circunstancias que afectaron a la democracia en la República, con el episodio conocido como el “ruido de sables”, lo llevó en 1924, a tomar, nuevamente, el Mallete Rector, ejerciendo el puesto a través de un Gran Maestro Adjunto. 

El V.: H.: Navarrete insufló vida a la Orden, le infundió valor; la hizo atrevida, osada y de sacrificio, forjando generaciones de masones que, a su vez, vigorizaron todas las actividades de la Nación con su ejemplo moral y su probidad. Su mano paternal, pero enérgica, enderezó rumbos, creó estímulos y formó un espíritu batallador que imprimió un sello en los trabajos y en los masones.

Y el ciclo de la vida se cumplió. A las 5 de la madrugada del domingo 21 de agosto de 1927, en la localidad de Recreo, Viña del Mar, nuestro V.: H.: partió a recorrer caminos que desconocemos, iniciando su último viaje misterioso.

La Masonería que él formó es la que mantienen en alto sitial nacional e internacional nuestro Gran Maestro V.: H.: SEBASTIÁN JANS PÉREZ y nuestro Soberano Gran Comendador I.: y P.: H.: ÁLVARO PULGAR GALLARDO. Esa Masonería, manantial de vida, la Institución más bella que ha concebido el espíritu humano, pues nada hay más bello que construir, para cada masón, quien es un obrero que debe aportar al Gran Edificio todo su conocimiento, su corazón y su cerebro, como lo hiciera nuestro V.: H.: Navarrete.

En fin. Las formas visibles de nuestro V.: H.: LUIS NAVARRETE Y LÓPEZ se desvanecieron, pero nos queda su nombre, su memoria, el ejemplo de sus virtudes y su benéfica acción.

¡Que así sea! 

 

Jorge Danilo Correa Selamé, 3°

Resp. Logia “Justicia y Libertad” N° 5