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Columna sobre el día internacional del laicismo

DÍA INTERNACIONAL DEL LAICISMO (9/12)

Carlos Cantero[1]

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

(Mateo 22:21)

¿Qué es el laicismo en el mundo que emerge?  ¿tiene algún sentido plantearse esta interrogante?.  ¿Es que acaso se observa alguna deriva de cambios en la sociedad que permita suponer nuevas dimensiones del laicismo?.

Adhesión al Día Internacional del Laicismo (9 de diciembre):

El laicismo, es una corriente de pensamiento anclada en la tolerancia y el pluralismo, cuyo propósito es la secularización del Estado. Está más allá de una opción política particular, cruza el espectro de la diversidad de un lado al otro, defendiendo la independencia del hombre y la sociedad, muy especialmente la autonomía del Estado, frente a toda tutela o influencia religiosa o eclesiástica. Favorece los ámbitos de autonomía del poder temporal y el poder espiritual; con un Estado laico en oposición al Estado Confesional. Busca garantizar la libertad intelectual; de conciencia; y, de credo religiosos; se opone a la imposición de cualquier cuerpo de normas y valores morales, de una religión particular en detrimento de otras concepciones.

Nuevas Dimensiones del Laicismo:

Los cambios en las relaciones sociales emergentes permiten distinciones entre el laicismo propio de la sociedad industrial y el que surge con la sociedad digital y la revolución en las tecnologías de información y comunicación,  etapa socio-cultural que se caracteriza por un nuevo valor de la diversidad, que envuelve nuevas dimensiones de pluralismo, que alcanza a toda la multidimensionalidad de las relaciones sociales, implicando una nueva trascendencia del laicismo. 

En lo conceptual el laicismo persevera en su sentido tradicional.  Pero, se observan matices significativos que amplían sus dimensiones: nuevas conductas y prácticas sociales muestran una expansión de su alcance, ejerciendo nuevas demandas sobre el mundo laico y secular.  Como señala el enfoque lingüístico-comunicacional, el lenguaje permite construir la realidad.  Pero, en este caso, una especie de ingeniería inversa, utilizando la analítica semántica se puede entender el sentido de las principales tendencias en un proceso social.  En este caso, aprehender las principales líneas o categorías en las que el laicismo extiende su ámbito de acción en la sociedad que emerge marcando el cambio de época, a saber: a) desborde hacia el uso del espacio público y b) las nuevas dimensiones en el ámbito de la subjetividad. 

Espacio Público:

Veamos, entonces, las principales tendencias de cambio emergente en las dimensiones del laicismo.  Abordemos, en primer lugar, lo referido al espacio público.  El laicismo promueve una visión entendiéndolo como un bien (público) de todos los ciudadanos, que debe guardarse y administrarse con independencia, autonomía y neutralidad religiosa.  Esto implica que estos valores deben recogerse como principios estructurales y deben expresarse en el ordenamiento jurídico, es decir en las leyes, normas, ordenanzas y reglamentaciones, en el ámbito nacional, regional y local (municipal).   

Es un tema complejo que implica entrar a terreno escabroso, sometido a tensiones y donde ya hay evidentes hegemonías, parcialidades y privilegios heredados. Por ejemplo, la presencia de símbolos de una religión particular en espacios públicos.  Este es un hecho de habitual ocurrencia en nuestra realidad cotidiana ¿habrá voluntad política para regular la construcción de signos religiosos sobre espacios y monumentos públicos, que no sean edificios de culto o cementerios?.  Es un tema conflictivo en Latinoamérica con su realidad preñada de espacios públicos intervenidos de parcialidades y primacías de expresiones religiosas.  Esto pondría fuera de lugar la construcción de imágenes de Cristo, las vírgenes, los santos, la cruz, etc. (lo que rige para cualquier otra expresión religiosa) que se observan en espacios públicos como calles y cumbres de cerros.  Estos símbolos públicos de carácter religioso grafican el conflicto entre la defensa de una separación de la religión y el Estado; y, esa dimensión que busca cautelar la intervención de la religión en el espacio público.  Lo que demandará un simbolismo de mayor neutralidad, más sincrético e inclusivo. 

Subjetividad y espiritualidad:

Siguiendo la línea de análisis formulada, en segundo lugar, abordemos la tendencia de expansión del laicismo en relación al asunto de la independencia, autonomía y neutralidad religiosa del Estado, a lo que agregamos el espacio público. En la sociedad digital se observa una distinción entre el espacio público y el de la intimidad, que permite comprender y definir límites para evitar que se invada impunemente nuestra subjetividad y en muchos casos ésta sea influenciada o intervenida sin nuestro consentimiento.

Este proceso de expansión está en relación a la importancia y el lugar central que asume la subjetividad en la sociedad digital, potenciada por el cambio fundamental del valor de la diversidad y el pluralismo, señalado precedentemente.  Recurriremos nuevamente al enfoque lingüístico-comunicacional y elementos de la semántica, ya que este relevante cambio surge desde la mutación conceptual.  En efecto, la dimensión religiosa ya referida muta hacia una dimensión espiritual.  Entendiendo y asumiendo que lo religioso es una parte de lo espiritual, que constituye un concepto de dimensiones y alcances más amplios.

Esta concepción de Estado laico promueve la autonomía de la persona respecto de todo tutelaje espiritual en el Estado y cualquier espacio público.  Las mayorías religiosas no pueden imponer sus dogmas a los demás que no comparten esas creencias, ni imponerle un espacio público sesgado o parcial que represente una intervención abusiva en la subjetividad o la dimensión espiritual de las personas.  Este desafío conceptual tiene profundas implicancias filosóficas y prácticas y será un tema que generará un potente debate en nuestra sociedad.

Ejemplos de nuevas dimensiones:

El laicismo tradicionalmente reconocido por su relación con la educación y la religión en su relación con el Estado (laico), toma nuevas dimensiones. Los cambios de percepción en la superestructura de las instituciones fundamentales de la sociedad, sus emergentes concepciones respecto de rol y las consecuentes nuevas conductas sociales que surgen de esas derivas culturales, sociales y espirituales movilizan a las nuevas generaciones que están planteando nuevos desafíos. 

Por ejemplo, para facilitar la comprensión del punto, consideremos la nuevas demandas a la sociedad e instituciones laicas en relación a: bautismo laico; matrimonio civil con ceremonia laica; la demanda por espacios para la espiritualidad personal o familiar, en oratorios, espacios para la reflexión o la contemplación sin interferencia del orden religioso tradicional; ¿dónde, quién, cuándo, recibe asistencia espiritual laica?; frente a la muerte ¿Dónde está el espacio laico o secular abierto a la ciudadanía para velar o hacer un responso u oración de despedida?; ¿Qué asistencia espiritual laica ofrecemos a las personas frente a su opción por la cremación? o ¿Cuándo optan por la eutanasia?. Estos son algunos de los derroteros que definen el nuevo mapa de desafíos del laicismo, del estado laico y muy especialmente de las instituciones que se autodefinen como laicas y sus miembros integrantes.

Es pertinente mencionar que ciertos escritos intentan relativizar el concepto “laicismo, intentando asignarle un sentido negativo hacia la religión o lo religioso, mostrándolo como un movimiento anti clerical.  Esto carece de todo fundamento teórico y práctico, de hecho, el concepto fue aceptado según lo expresa la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Esos mismos sectores señalan que laicidad es un enfoque más positivo. Pero, esta distinción semántica es más de forma que de fondo, más conveniencia que por sentido filosófico, ya que ambas expresiones conceptualmente tienen el mismo sentido.  Acciones que se asocian a la conveniencia de un “status quo” para mantener o dilatar privilegios: franquicias tributarias, primacías institucionales, preeminencia protocolar, elegibilidad para acceder a financiamientos públicos, uso de imágenes y símbolos religiosos en espacios públicos más allá de templos y cementerios, etc.   El laicismo es un marco teórico anclado en principios y no en animosidades.



[1] Carlos Cantero Ojeda. Geógrafo, Master y Doctor en Sociología. Académico, conferencista y pensador chileno, estudia la Sociedad Digital y la Gestión del Conocimiento.  Fue Alcalde, Diputado, Senador y Vicepresidente del Senado de Chile.

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