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Las impresiones de un Aprendiz de 65 años de Maestro Masón

Este Miércoles 19 de octubre, la Respetable Logia “Cóndor” N° 9 rindió un sentido homenaje a Querido Hermano Alejandro Jara Lazcano, Gran Consejero de Relaciones Internacionales de la Gran Logia de Chile, con motivo de haber cumplido 65 años ininterrumpidos en la Orden.

En la oportunidad, el destacado Hermano recordó su noche de Iniciación y se refirió con emoción a los hechos vividos. Al igual que hace 65 años, Jara Lazcano relató sus impresiones de aquel mágico día, tal como lo debe haber hecho en su Cámara de Aprendices de aquel entonces.

El V:.M:.de la Respetable Logia “Cóndor” N°9, Roberto Ángel Galleguillos ofreció el homenaje en muy sentidas palabras, en las que se refirió a su larga vida masónica y a los cargos y responsabilidades que he desempeñado en el Gobierno Superior de la Orden. Fue una hermosa y muy emotiva ceremonia, que coincidió con la Iniciación de tres nuevos Hermanos que vinieron a robustecer las Columnas de la Logia Madre de Jara Lazcano.

Por su valor histórico y de alto contenido masónico, publicamos de manera íntegra la Alocución del V:. H:. Alejandro Jara Lazcano con motivo del homenaje de la Resp:.Logia “Cóndor” N° 9, al cumplir 65 años de vida masónica ininterrumpida . El texto es el siguiente:

El 26 de Septiembre de 1946 tuve el honor de recibir la luz masónica en ésta mi querida y Resp: Logia Cóndor N°9, en una ceremonia tal vez inédita en la historia de la masonería chilena: Tres hijos de masones, Humberto Álvarez Johansen, Brenio Onetto Bächler y Alejandro Jara Lazcano fueron iniciados ese día y sus respectivos padres presidieron la ceremonia. El Q:.H:. Humberto Alvarez Suárez, ex V:.M:.de Taller, desde el sitial del Venerable Maestro; el Q:.H:. Enrique Onetto Aguilar, Primer Vigilante de la Logia, desde su sitial; y el Q:.H:. Francisco Jara Carrasco, desde el sitial del 2° Vigilante. Mi padre, ex V:. M:.de la Resp:. Logia Honor y Lealtad N° 33 del Valle de Los Ángeles, había venido desde esa ciudad especialmente invitado para asistir al evento y ocupar el cargo de Segundo Vigilante.

La ceremonia no sólo fue hermosa sino que además cargada de una gran emoción, que marcó la vida de los recién iniciados.

El Ritual de Iniciación, la presencia del Gran Maestro y Grandes Dignatarios, la sorpresa de ver en las Columnas a algunos de mis profesores de la Escuela de Derecho, la fraternal acogida que nos brindaron los Hermanos al término de la Tenida y los emotivos discursos con que fuimos recibidos en el ágape, me dejaron la sensación de que me había enrolado en una Institución de carácter humanitario y ético, cuya principal misión consistía en promover el perfeccionamiento cultural y moral de sus miembros; luchar por la libertad de conciencia y expresión; derribar los fanatismos, la intolerancia y los privilegios; impulsar la redención de los oprimidos; estimular la búsqueda de la verdad, y practicar la fraternidad.

Cada época tiene sus propios afanes. Llegué a la Orden Masónica cuando recién se apagaban los estruendos de la Segunda Guerra Mundial; cuando surgía de ella un mundo lleno de esperanzas de que nunca más ocurriría una hecatombe de tamaña envergadura; cuando las naciones y los pueblos valoraban la libertad que se había conquistado en los campos de batalla con tanto sacrificio de vidas humanas; cuando en Chile, que no había escapado a los desoladores efectos de la conflagración, se acentuaba la conciencia de que la libertad y la paz sólo pueden estar fundadas en la práctica de la democracia, en la elevación del nivel de vida del pueblo, en la eliminación de las discriminaciones sociales y de fortuna, en el término de ,los privilegios, en la educación del pueblo y en el trabajo remunerado con justicia social. Desarrollo económico y social con equidad, lo llamaríamos hoy.

La Carta de las Naciones Unidas recogía gran parte de estos objetivos, por los cuales se había librado aquella guerra.

El Partido Radical expresaba políticamente los anhelos juveniles de gran parte de nosotros. Al llegar a la Masonería pronto percibí que aquellos anhelos tenían también una dimensión ética en la Institución que me acogía.

Se complementaba de esta manera el ámbito de mis inquietudes. La cruel realidad nacional despertaba en muchos de nosotros profundos afanes de redención social, que procurábamos promover en la acción política, y el Templo Masónico venía a aportarnos la serenidad y los fundamentos éticos para que esos afanes germinaran en frutos de mayor Libertad, mayor Igualdad y mayor Fraternidad.

Han pasado 65 años. El joven de entonces ya no lo es tanto. Pero me atrevo a pensar que mi permanencia ininterrumpida en la Orden robusteció en mí aquellas juveniles inquietudes, enriquecidas luego con la aprehensión del acervo ético, filosófico y humanista contenido en los Principios, Rituales, Liturgias y Símbolos de la Francmasonería. Por ello le soy deudor de gratitud.

Bien sabemos ahora que la Orden Masónica no posee un sistema filosófico o metafísico que nos proporcione una teoría o una explicación del origen del Universo, el sentido del Ser y de su destino; sino que es una construcción abierta, que no entrega verdades, pero nos coloca en el camino para buscarla, y nos proporciona las herramientas para hacerlo. Es otro de los múltiples aportes que he recibido de la Francmasonería.

QQ:.HH:.

Jamás imaginé en aquellos años que la Orden podría ejercer en mi una influencia, cuyos resultados no me corresponde evaluar, pero que puedo asegurar ha contribuido a conformar mi personalidad con valores éticos, morales, políticos, sociales y culturales que me han permitido afrontar la vida con la sensación de ser un hombre de espíritu libre, mente abierta, tolerante, profundamente comprometido con la justicia social y la búsqueda incesante de la verdad.

De igual manera, tampoco imaginé en aquel año de 1946 que la Masonería, y especialmente la fraternidad de mis Hermanos, me otorgarían tantas responsabilidades y honores como los que he recibido durante mi vida masónica.

Hoy, mi querida Logia “Cóndor” N° 9 ha querido rendirme este homenaje. Lo recibo con la inmensa duda de merecerlo, pero con la convicción de que es un reconocimiento a la adhesión, sin reservas, que durante 65 años he entregado a la Orden. No hay otros motivos que lo justifiquen. Pero lo llevaré con orgullo y lo honraré perseverando en la gran tarea de convertir en acción los valores que hace 65 años abracé con entusiasmo juvenil y que hoy reafirmo con serena madurez, pero con el mismo fervor
Muchas gracias Venerable Maestro y Queridos Hermanos.

Santiago 19 de Octubre de 2011.

Gabinete del Gran Maestro

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