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“Queremos ser mejores porque queremos servir a la comunidad, al país, a la humanidad”

El Gran Maestro de la Gran Logia de Chile, Luis Riveros Cornejo, participó en distintas actividades públicas enmarcadas en las celebraciones de los 70 años de la Respetable Logia “Estrella Insular” de la ciudad de Ancud.

Se reunió con la comunidad chilota, con sus estudiantes y tuvo una nutrida agenda periodística. En la oportunidad, tuvo una profunda conversación con el destacado periodista Jorge Barría, director del diario “El Insular de Chiloé” y conductor de Canal 5 de Televisión, Canal del Sur. En la entrevista hizo un detenido análisis del conflicto educacional y de los grandes temas que cruzan la sociedad chilena.

Agradecemos que nos haya concedido esta entrevista. En primer término, cuéntenos sobre el motivo de su vista a esta zona. Sabemos que tiene un sentido especial para Usted viajar hasta Chiloé y al sur en general…

Estoy acá por el aniversario número 70 de la Logia Masónica de Ancud. Es una ceremonia importante, pues es un cumpleaños muy significativo; una logia que fue fundada el año 1941 y que tiene antecedentes en años anteriores. Por lo tanto, es de las logias más antiguas del país, por lo que corresponde que el Gran Maestro venga y participe de las actividades que se han programado. Siempre es un placer estar en Chiloé; mi esposa es de Puerto Montt, de manera que desde hace muchos años he venido hasta acá en varias ocasiones. También como Rector de la Universidad de Chile estuve acá cuando se rendía la Prueba de Selección Universitaria y visité algunos de los locales donde se estaba rindiendo. De manera que siempre es un placer venir a Ancud, realmente tengo una gran admiración por la cultura chilota y su tradición.

Ya que hablamos de la Logia, podríamos hablar de los principios fundamentales de la Masonería en la sociedad contemporánea y cómo se están llevando a cabo…

Siento que hay una necesidad mayor de aplicar, de desarrollar y proyectar estos principios. Mucha gente no sabe que la Masonería es, en lo fundamental, una entidad docente. Los trabajos de la Masonería son fundamentalmente de discusión, sobre ponencias que efectúan distintos miembros y que tratan de todas estas actividades, de producir un mejoramiento en las personas. Esa es nuestra aspiración; le llamamos la búsqueda de la verdad. Pero en definitiva estamos tratando de aprender a ser mejores. Y queremos ser mejores porque queremos servir a la comunidad, al país, a la humanidad, como organización, sobre la base de principios fundamentales. Uno de ellos es la tolerancia, que hoy es un factor tan escaso en la sociedad, el tratar de entender las ideas de otros. Percibo, por el contrario, que no nos escuchamos en nuestra sociedad, que no importa lo que digan los demás, porque yo ya tengo decidido qué es lo que voy a hacer o decir. Nos basamos en estos viejos ideales de Libertad; Igualdad y Fraternidad.

Hoy vemos cómo está amenazada la libertad de pensamiento sistemáticamente en muchas partes del mundo. Para qué hablar de la Igualdad, cuando en Chile tenemos una desigualdad brutal, un arrastre histórico por cierto, pero es una carga moral para el país. Y la fraternidad, que significa darle la mano a otro ser humano para ayudar, para compartir. La vida es un fenómeno complejo en sociedad, por lo tanto, estos principios de la Masonería no es que sean una cuestión del siglo 18 cuando fue creada en Inglaterra, sino que tienen una gran proyección, porque nuestro objetivo es construir una sociedad más justa y donde los seres humanos pueden vivir más fraternalmente.

Es una etapa en la que aún estamos en nuestro país, donde percibimos que lo material es lo importante, lo fundamental, lo decisivo. Y nos olvidamos de lo importante del espíritu humano: el hombre, sus aspiraciones, la búsqueda en las preguntas fundamentales: por qué estamos aquí y hacia dónde vamos. Creo que esto abre una gran puerta a la Humanidad y este proceso de cambio puede ser muy beneficioso. Naturalmente que estamos hablando de una proyección a muchos años. Pero ya China, que estaba tan lejos, está más cerca. India, que estaba tan excluida, hoy está más incluida. Sin embargo, este acercamiento pone en riesgo la cultura, por lo que hay que hacer esfuerzos por preservar esa cultura dentro del contexto global. No se trata de aislarla ni negarse a la globalización.
No sabemos qué curso tomará esta globalización, pero la tecnología esta allí. Veo a mis estudiantes que están conectados con todo el mundo, las redes sociales son un nuevo fenómeno, hoy no hay que publicar un avisito diciendo que hay una marcha o reunión. Todo se hace con los equipos móviles y eso está cambiando nuestra cultura. Ha habido revoluciones que se han provocado –como en el caso de Egipto- sobre la base de redes sociales…

Y Chile no escapa a ello, recordemos, por ejemplo, episodios como los movimientos sociales por Hidroaysén o el mismo movimiento nacional estudiantil de estos momentos. ¿Percibe usted cierto riesgo que ciertas cosas se descontrolen –por llamarlo de alguna manera- por esta masividad e instantaneidad en las comunicaciones, mucho mayor a lo que ocurría tan sólo hace diez años atrás?

No le tengo miedo a eso, francamente. Por cierto que en el corto plazo puede significar más conflicto, más arrogancia de distintos grupos que se resisten de alguna manera a los principios de otros. Que pueden poner en riesgo la institucionalidad, por cierto, pero creo que deben abrirse las puertas a los cambios en la institucionalidad. Es algo natural en las democracias y natural en este proceso comunicacional de evolución de hoy. Esos periodos de cambio son, por cierto, periodos de conflicto.

Pero estas crisis hay que verlas como oportunidades, justamente de una organización mejor y más representativa. Lo que la gente quiere es tener más opinión. Y no puede decirse que eso no importa. Por el contrario, qué bueno que los estudiantes, los jóvenes, quieren tener opinión. Siento que tenemos que perfeccionar nuestra institucionalidad, es un reto en todo el mundo. Enfrentamos crisis y las personas quieren tener una posición. Lo malo es que eso muchas veces se confunde con imponer una posición y se produce aquello de las mayorías silenciosas. Por tanto, tal como en el pasado la distorsión era que las cosas se resolvían entre pequeños grupos –partido políticos, por ejemplo-, hoy se pueden decidir en agrupaciones que tiene puntos de vista muy fuertes y convincentes, pero que no necesariamente representan a la totalidad. Entonces, la pregunta es qué institucionalidad es la mejor para que este cambio sea canalizado de manera adecuada, respetuosa y con participación.

Y participación con derecho a voto, llamémoslo así, con posibilidad de poder influir en las decisiones que toma la institucionalidad, el Estado, en muchos casos. Justamente estamos viviendo un proceso complejo con la educación, un movimiento que creció como bola de nieve y que superó con creces lo sucedido el 2006. ¿Cuál es su análisis general de la situación?

Creo que hay que diferenciar fondo y forma. El fondo es cómo comenzó el movimiento estudiantil –con un reclamo que valido plenamente, lo entiendo, justifico y apoyo-, por calidad y equidad en la educación. Calidad, porque creo que nuestra educación es muy mediocre. Cuando nos comparamos con otros países, estamos en la cola lamentablemente, a pesar de nuestros buenos resultados económicos y la visibilidad que tiene el país en muchos otros aspectos. Por lo tanto, tenemos un problema serio con el desarrollo del sistema de educación superior, precisamente por los temas de calidad y que hay que enfrentar. Siento que ahí no se ha hecho lo suficiente en los últimos 20 o 30 años. Y además hay un problema de equidad. No es posible que la educación que se recibe dependa de cuánto estoy dispuesto a pagar o cuánto pueda pagar.

La educación es un fenómeno social, por supuesto, que tiene un gran componente privado, pero es esencialmente un bien público. Debemos buscar un camino distinto para abrir las oportunidades desde bien abajo hasta bien arriba. No se trata de atender solamente el sistema universitario, porque los que llegaron a ese sistema ya tuvieron una oportunidad. Pero cuántos hay que no tuvieron esa oportunidad.  El sistema de educación superior, que tiene una gran cobertura hoy día, es aproximadamente un 36% de la población entre 18 y 24 años. Uno se pregunta, ¿dónde está el restante 64%? Hay que abrir oportunidades y la educación debe ser entendida como un vehiculo de movilidad social. Claramente estamos pagando una cuenta pendiente, porque nuestros gobiernos en el pasado no se preocuparon mayormente de este problema, que tiene que ver con la municipalización de la educación, el financiamiento de la educación, tanto media como universitaria, con la regulación e información del sistema. Y estas cosas no se atendieron oportunamente. Por tanto, en este aspecto de fondo, hay una cuenta pendiente innegablemente y esto trasciende en la posición que porfiadamente han tenido los estudiantes, que entiendo y justifico plenamente hasta ahí.

Eso es el fondo, usted hablaba también de un problema de “forma”…

Desgraciadamente ha ido evolucionando este tema. Creo que ha tendido a ser cada vez más un asunto donde se envuelve la política, no como un tema de fondo, sino la política partidista, de protesta contra el sistema. Y por eso se ha sumado una gran cantidad de cosas a esta plataforma, al fondo que comparto. Lamento mucho que no se haya atacado con anterioridad aquello, pero creo que el movimiento se ha politizado y radicalizado, creo que eso no le ha hecho bien al tema de fondo. Hoy los estudiantes plantean el tema del lucro. Entiendo esa discusión, pero no veo la relación entre lucro y calidad; creo que son dos cosas separadas. El lucro es un tema más político, por así decirlo. Entre paréntesis, el lucro en educación ha existido siempre y no necesariamente está vinculado con un tema de calidad. Ahora, cómo se regule eso, es otra cosa, cómo se haya trasgredido la ley existente. Pero veo que ha habido un tránsito desde una plataforma inicial que todos compartimos, a un tema que no todos necesariamente compartimos y tenemos distintas lecturas. Después viene otro aspecto que es la educación gratuita. Entonces viene la pregunta, ¿gratuita para quiénes? Para todos. ¿Y gratuita en qué instituciones? En las instituciones públicas. ¿Y qué hacemos con las privadas, que reciben subsidios del Estado? Entonces se abre un nuevo frente que es también un concepto más político. Creo que la educación, por cierto, debe ser gratuita para todos quienes no pueden pagarla. Pero hay diferencia importante entre este principio y cómo se hace esto. Desde ahí se salta inmediatamente hacia otros conceptos como reforma tributaria, cambio en la Constitución y cambio en la tenencia o propiedad de la gran minería del cobre. Entonces, uno se pregunta de qué estamos hablando realmente. Entiendo esto, porque muchos jóvenes sienten insatisfacción con el sistema.

A nosotros nos pasó en la década del sesenta también, como en muchas otras partes del mundo. Y en Chile aun hay más insatisfacción porque los partidos políticos no canalizan nada. No son fuente de ideas, de protesta, son simplemente una organización destinada a enfrentar ambientes electorales, nada más. Entonces, la frustración de los jóvenes la comprendo. Y desafortunadamente por este camino, claro, ha habido desencuentros. Creo que el Gobierno no ha manejado adecuadamente este conflicto desde un comienzo; hoy se ha hecho más complicado. Estamos en una situación bastante riesgosa para el país. Porque nos sentamos a negociar y los estudiantes ponen sobre la mesa un tema tan complejo como la educación gratuita y el Gobierno dice que no está dispuesto a abordarlo; entonces se retiran… Siempre pensé que había que ponerse de acuerdo en una agenda de cuáles son los temas prioritarios. Y los estudiantes que están en conflicto hoy representan un problema desde el punto de vista de las instituciones. Cuántos liceos hay que no podrán terminar su año escolar normalmente. Cuántas universidades llevan tres o cuatro meses sin actividades. Ahora se habla de cierre del semestre, claro, pero es una cuestión administrativa. Para un estudiante de Medicina, cuatro meses sin clase, hay un riesgo tremendo en materia formativa.

Entonces, creo que como resultado de este conflicto, paradójicamente, se ve un proceso de deterioro mucho mayor de la educación pública, que es algo que lamento. Ha habido un tema de estilo, de conducción, entendiendo –reitero- el fondo del problema. Pero creo que también se ha canalizado a través de una dirigencia que tiene sus legítimas perspectivas políticas, pero hemos confundido ambas cosas. Creo que eso ha encapsulado el conflicto y que ha perdido apoyo en la ciudadanía, lo cual lamento, porque podemos terminar en un escenario en que la ciudadanía simplemente no apoye más esto. Ciudadanía que lo apoyó en su momento en gran medida, por implicancias como el endeudamiento, por ejemplo. Pero en la medida que estamos encerrándonos cada actor en sus propios puntos de vista, simplemente llega un deterioro de la autoridad por una parte, pero también de la dirigencia.

Usted hablaba de educación pública gratuita. A su juicio, ¿ello es posible? Es un asunto que tiene entrabado el diálogo. El gobierno dice que los que menos tienen no pueden financiarles la educación a los más ricos. ¿Está de acuerdo con ese razonamiento?

Creo que eso no es justo. Voy a dar el ejemplo de la Universidad de Chile. ¿Qué estudiantes llegan ahí? No llega el cien por ciento de los estudiantes carenciados, de esfuerzo. No. Llegan estudiantes que tienen altos puntajes en la PSU, de colegios privados, que usualmente eran más caros que la propia universidad… Entonces, ¿por qué vamos a pedirle que los impuestos que pagan los más pobres, sean para pagarle los estudios a ellos? Encuentro que eso hay que ponderarlo. Claro, conozco estudiantes con necesidades y a ellos hay que darles mucho más apoyo en los sistemas educativos. Por lo demás, cuando uno obtiene una formación universitaria, obtiene un rédito posteriormente. Un médico que se desempeñe como tal, obtiene los recursos para vivir. La pregunta es por qué eso lo va a financiar el colectivo social. A menos que obliguemos a ese médico a hacer un servicio público en un consultorio una vez que egrese. Pero no tenemos un sistema tan diseñado como era en el pasado, cuando un profesor o un médico tenían que hacer zona; era una especie de servicio militar, y así se retribuía lo que se había recibido.

Hoy es más complejo, ¿qué hacemos con los médicos que están empleados y les vamos a decir que ahora vienen estos estudiantes recién egresados a cumplir con su tarea? No es tan simple como decir educación gratis para todos y déme la plata para eso. Creo que debe haber educación gratis para muchos, los más pobres y la clase media, el aspecto más sensible. No podemos cargarle todos los costos de la educación a la clase media. Hay otro tema importante. El costo de la educación en Chile. Francamente no encuentro ningún sentido que Chile tenga uno de los sistemas universitarios más caros del mundo. No me hace sentido que universidades chilenas cobren por una carrera de Medicina, más de lo que se cobra en universidades de alto nivel en Estados Unidos o Europa…

¿Cuándo se produce ese desbarajuste?

Creo que tenemos un sistema mal regulado. Nunca he conocido un estudio de costos que me diga por qué le estoy cobrando cuatro o cinco millones de pesos a un estudiante por formarse como médico –pongo esta carrera como ejemplo-. No conozco la estructura de costos. Tampoco hay ninguna regulación, porque esto lo definimos como un mercado libre. Entonces, si pongo en siete millones el precio del arancel anual, y si tengo estudiantes o clientes para eso, entonces cobro los siete millones. Eso no puede ser y entiendo la molestia que eso ha generado, porque para poder financiar eso, la familia se endeuda a tasas de interés altísimas. Y tenemos estudiantes que terminan –eventualmente- su carrera universitaria y tienen una deuda gigantesca.

Lo peor de todo es que muchos de estos estudiantes no encuentran trabajo, porque no tenemos ningún sistema de regulación; y se gradúan 1.200 periodistas por año. ¿Habrá empleo para 1.200 periodistas por año? Creo que no. Lo mismo para ingenieros comerciales, para abogados, psicólogos, etc. Entonces, creo que tenemos un sistema tremendamente desordenado e injusto. Y como les digo a mis estudiantes, el mercado funciona muy bien en el caso de las panaderías, pero en educación, es un tema bastante riesgoso. Y hoy estamos pagando las consecuencias de este diseño tan liberal, tan absurdo que le hemos dado. Pero que tampoco se corrige volviendo a una realidad que ya no tiene vigencia ni realismo desde un punto de vista de la economía ni de la sociedad…

Eso sí, me imagino que es optimista en cuanto a una resolución positiva del conflicto, en el sentido si conoce cuál es la metodología de trabajo que se había impuesto la mesa de dialogo y si eso efectivamente va a llevar a una solución concreta; y no sigamos eternizando una disputa en las calles o a través de los medios de comunicación…

Lo veo muy complicado por dos razones. Primero, hay poca credibilidad entre unos y otros. Cuando se habla de los estudiantes, hay un tema de lo que representa la CONFECH y a cuántos del propio mundo CONFECH representa la directiva de ésta. Cuando no tengo esa credibilidad en quién está frente a mí, eso dificulta las cosas. Por el lado de los estudiantes, una credibilidad bajísima con respecto al mundo político: Gobierno y Parlamento. No les creen. Porque ya pasó lo del 2006 donde se puso una tapa a la olla y punto. Entonces, por eso los estudiantes no están dispuestos a transar y creer en una posibilidad que se abre. Esto lleva a una confrontación, ese es un mundo bastante complicado. Lo segundo, es que nunca se ha precisado una agenda. Creo que el Gobierno, en un principio, entendió esto como un conflicto que necesitaba simplemente un cheque más grande encima de la mesa. Y ese es parte del problema, no es todo el problema.

Siento que el tema hay que abrirlo a todas las organizaciones estudiantiles, eso incluye las universidades privadas, los colegios de regiones, no solamente los de Santiago. Eso no se ha hecho y es importante. Hay que establecer una agenda, los cambios comienzan pero requieren implementación. Por ejemplo, un problema que hoy tenemos es la formación de profesores. Creo que la calidad de los profesores que estamos formando no está a la par con la idea de educación que tenemos hacia el futuro; por tanto, eso hay que hacerlo de nuevo. Hay que rediseñarlo, habrá que tener nuevas políticas, financiarlo de manera distinta. Soy partidario de recrear algo como las Escuelas Normales, para preparar profesores para el desempeño en la educación básica, en los primeros años. Eso se hace con instituciones del Estado, habrá que mejorar los sistemas de formación pedagógica en la universidad. Eso toma tiempo y recursos, entonces podemos determinar hoy que eso se haga, pero de ahí a que funcione, tomará unos años…, y habrá que monitorearlo. ¿Pero quién hará eso, este Gobierno o el próximo? O sea, ¿quién certifica esta cuestión?

A Finlandia, el país considerado el más avanzado en materia de educación –por la calidad y sus resultados-, le tomó muchos años consolidar ese proceso y llegar al sistema que ellos hoy día tienen. No podemos pretender hacer lo mismo en tres meses, porque vamos a terminar haciendo puras cosas superficiales, que en mi opinión, es en gran medida lo que hicimos en los últimos años: Infraestructura, aumentar más cobertura; está muy bien, pero descuidando el contenido.

Entonces, la propuesta que he hecho, es que debe haber un grupo que le dé seguimiento y que tenga la credibilidad suficiente para impulsar, evaluar, ir produciendo este proceso de reforma. Y que tenga credibilidad en ambos lados, en el lado político y en los estudiantes. ¿De dónde sacamos a esos personajes? No sé, pero es importante que alguien le dé estabilidad a esto. En nuestro país los periodos presidenciales y parlamentarios son cortos, entonces, ¿quién es garante de que esto seguirá adelante? Entiendo que esta es una de las angustias del movimiento estudiantil y que no tiene una respuesta dentro de nuestra institucionalidad. Ahí los estudiantes dicen: ‘cambiemos la Constitución’. Entonces, creo que estamos encerrados en un tema que me parece que el Gobierno debe liderar una salida. Esa es su responsabilidad y tarea; para eso elegimos Gobierno y no podemos seguir esperando que esta solución se dé automáticamente o por desgaste. Aunque ocurriese el desgaste, me parece que eso no soluciona el problema.

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